La educación del cachorro, por joven que sea, comienza nada más
llegar a su nuevo hogar.
La primera regla, que nunca has de olvidar, es que por listo que
sea tu perro nunca alcanzará el nivel de inteligencia de un ser
humano.
Dale siempre las mismas órdenes, que han de ser palabras
cortas, evitando que tengan un sonido similar pues podrían confundirle.
Puedes reforzar tus palabras empleando siempre los mismos gestos.
Elige su nombre
con anterioridad a su llegada a casa, y repítelo siempre
que te dirijas a él para que se vaya acostumbrando. Lo mejor
es que sea una palabra bisílaba y de fácil pronunciación. Mi mejoramigo
te ofrece una selección de más de 1.500 nombres
para ayudarte a encontrar el que más te guste.
El juego es la forma más sencilla y divertida de empezar
a a educarlo. ¿A qué perro no le gusta traer la pelota que le lanzó
su amo? Sin darse cuenta aprenderá a buscar un objeto y devolvértelo;
y, lo más importante, ¡a regresar a tu lado cuando se lo ordenas!
aprendizaje que te será muy útil para vuestros futuros paseos. Establece
tú las reglas del juego, no te la saltes (le confundirías) y aprenderá
a confiar en ti, ni dejes que se las salte (siempre intentará escalar
posiciones en la jerarquía familiar y ser él quien manda). Así el
juego además de divertiros generará una relación de confianza y
conocimiento mutuo. Cuanto más joven sea el perro, más fácil será
que se canse y se distraiga en el juego. No lo atosigues, déjale
que cambie de juego y continúa en otro momento.
Más adelante podrás enseñarle a sentarse, tumbarse y a pasear
a tu lado correctamente.
Ser firme en su educación no significa ser severo o violento: Jamás pegues a un cachorro (tampoco a un perro adulto) pues
lo único que conseguirás es que te tema. Alábale siempre que obedezca
tus órdenes con palabras cariñosas y/o con una caricia, así sabrá
que lo ha hecho bien. Por el contrario repréndele con un firme NO
cuando no obedezca o se confunda. Los perros son animales que se
mueven por estímulos, ellos no saben lo que esta bien o está mal,
sino que con una determinada conducta reciben una gratificación
(en forma de palabras y/o caricias).