El perro, tanto el rural como el urbano, se ve frecuentemente
amenazado por los envenenamientos debidos a insecticidas orgánicos.
Si lo comparamos con el ganado, por ejemplo, el perro es relativamente
más susceptible a este tipo de toxicosis. Debido a sus hábitos
tan indiscriminados a la hora de morder, hecho que no se da en el
gato, se hallan expuestos ante numerosas fuentes de insecticidas.
Así son un peligro los cebos para hormigas y otros insectos,
también se dan casos al ingerir hierba y otros tipos de vegetación
que han recibido pesticidas.
Es frecuente también el contacto o la ingestión de
flores caseras que hayan sido tratadas con insecticidas, pueden
así mismo producir accidentes.
El uso de collares antiparasitarios que actualmente contienen insecticidas,
pueden conducir a una mayor sensibilidad frente a las toxocosis
debidas a una exposición prolongada a insecticidas.
Los baños antiparasitarios pueden ser igualmente causa de
intoxicación, siempre y cuando no se sigan las normas correctas
indicadas para su uso.