La leishmaniosis es una enfermedad de tipo parasitario. Está
producida por un parásito unicelular que pertenece a la familia
de los tripanosomas (que produce en el hombre la enfermedad del
sueño transmitida por la mosca tse-tse).
Afecta al hombre y al perro, preferentemente, además de
otras especies domésticas. También afecta a insectos
chupadores de sangre, que son la primera forma de trasmisión
de la enfermedad.
La primera fase del ciclo vital del parásito se cumple en
los insectos chupadores. En éstos las leishmanias se encuentran
a nivel intestinal donde viven y se reproducen. Posteriormente migran
hacia la parte anterior del mismo, gracias a su movimiento propio,
producido por un flagelo, y una vez en la faringe del insecto, son
inyectados en el hombre o en el perro a través del aparato
succionador del insecto.
Las células del organismo donde viven las leishmanias se
encuentran en todos los tejidos, son de diferentes formas y tienen
la misma función. La Leishmaniosis se puede manifestar sintomáticamente
de dos formas: una que afecta a los tejidos cutáneos y otra
más encubierta, que afecta a las vísceras.
El cuadro clínico de la enfermedad se detecta en el perro
con una serie de síntomas como es: pérdida de pelo,
inflamación de la córnea... En contraste con este
cuadro, el perro no pierde el apetito poniendo al amo en sobre aviso:
no está bien el perro aunque come y sigue adelgazando y se
encuentra triste.
La curación es transitoria porque la terapéutica
no es del todo efectiva y las posibilidades de contagio en los humanos
son muy altas.